Artículo optativo: Una adolescencia interrumpida.

¿Quién no ha escuchado las anécdotas locas de sus padres sobre su adolescencia? Esas historias locas y en ocasiones, poco creíbles, sobre la faceta rebelde de sus progenitores que en ocasiones sirven como contraargumento en una discusión o son la base para manipularlos para que cedan en ciertas cosas como permisos para fiestas o compras. Después de todo, ellos lo hicieron cuando tenían esa edad. Seguramente cuando ese aspecto sale a flote, se arrepienten de haberse ido de la lengua sobre su juventud. Sin embargo, pueden resultar ser los momentos de mayor conexión entre padres e hijos, porque ayuda a que se entiendan mutuamente y siempre salen unas cuantas carcajadas en esas noches de cháchara. 

Pero, aquellos que nacimos en los años dos mil, quienes, en sus supuestos años, para cometer errores, locuras y crear sus propias anécdotas, no pueden debido a una pandemia global… ¿Qué le contarán a sus hijos e hijas? A estos seguro que les resultará impresionante que sus padres hayan vivido en un momento tan histórico, pero eso lo habrán hecho todos los de esta generación. Las historias personales e irrepetibles de la adolescencia no tendrán lugar.

Los adolescentes de hoy en día somos conscientes de que nos quedan años por delante. Que podremos salir mil veces en el futuro… Pero desde que somos pequeños, la etapa de la “adolescencia” ha sido tan idealizada que cuesta imaginar un mejor momento. Hacen ver que es tu mejor época hasta que llegues a la universidad –época que también se ve amenazada por la incertidumbre del no saber qué pasará–.

Hay miedo de que nuestras historias no puedan ser. Tristeza de no haber podido explotar una etapa que no regresará nunca al máximo. Que las anécdotas que les podamos contar a las futuras generaciones no sean solo nuestras, porque fue lo que vivió todo el mundo.

Vivimos en un tiempo donde hay que ser empático y no pensar solo en ti. Saber que salir puede conllevar el poner en riesgo a los demás, incluso a aquellos que quieres. Pero sería mentir que a veces todo es demasiado y ser egoísta se convierte en algo atractivo. Es seguro que ese pensamiento no solamente ha corrido en la mente de los adolescentes.

Nuestra adolescencia fue interrumpida de forma muy abrupta. Un día estabas divirtiéndote con los amigos y al siguiente estabas en casa sin poder salir. No podremos contar las mismas cosas que nuestros padres. Me gusta creer que eso hace que nuestra generación sea especial, aunque lo que nos llevó a serlo, no pueda ser descrito con nada que se asocie al positivismo.

Queda vida por delante. Lo que no se haga hoy se hará mañana. Pero mi generación se conocerá como aquella que tuvo una “adolescencia interrumpida” y ojalá, el día de mañana tengan el ingenio para hacer unas anécdotas que puedan captar el interés de sus hijos, hijas, nietos, nietas… y ojalá, ellos ya vivan en un mundo donde puedan hacer sus propias anécdotas de forma libre y sin amarre alguno. 

Fert per: Andrea Izaguirre Blanco, 2n de BATX.

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